El entorno humano de Lantegi Batuak en Gernika-Lumo
María, Daniel, Beatriz, Paul, Josu, Naiara, Edurne… más de 147 personas componen el ecosistema humano de Lantegi Batuak en el polígono industrial de Txapartegi, Gernika-Lumo. El mercado electromecánico ha llegado a un ambicioso proceso de rehabilitación, con una inversión de 2,2 millones de euros. Sin embargo, en este referente de la economía social de Bizkaia, el verdadero valor de la inversión no se mide por la modernización térmica o la apariencia original de los terrenos, sino por la historia biológica del esfuerzo de las 147 personas que acuden allí cada mañana.
María Zabala, originaria de Mundaka, se presenta como la recepcionista, lista a las ocho de la mañana para llevar a cabo las actividades diarias, incluyendo la realización de anuncios para la radio.
El entorno interno de producción está lleno de ruido industrial, pero este espacio esconde el desarrollo humano y la inclusión laboral.
Siguiendo lo que han dicho las multinacionales, Lantegi Batuak necesita una coordinación definitiva para trabajar en el tiempo y con dispositivos en línea. En cambio, los murales que han prosperado, uno llamado 1337, muestran los nombres de todos los trabajadores clave desde que se fundó el taller histórico de Aixerrota en 1977.
Personalización y crecimiento emocional
El edificio ha tenido dos áreas de desarrollo. La planta baja es el ámbito de la precisión electromecánica, y la planta superior se ha convertido en un ecosistema orientado al bienestar personal de los usuarios. Aquí, en el caso de la calidad cultural, surgen estudios en lectura, cocina doméstica y otras áreas diversas.
Hoy en día, en la lectura, las aulas ofrecen la oportunidad de experimentar, a través de ejercicios realizados en la cocina.
En la planta baja, el proceso está bien organizado, compuesto por 4 secciones y un amplio almacén. La estrategia de Lantegi Batuak desarrolla la especificación de trabajos con apoyo externo y de culto. En varios puestos y trabajos diferentes, llegamos a algunos de los usuarios como herramientas para recuperar funciones.
Al final, aunque las luces de Txapartegi se apagan, los días del equipo concluyen, con circuitos eléctricos que conectan con el ecosistema humano.




