143 arrantzales perdieron la vida ese día de 1912 cuando pescaban frente a Matxitxako, 116 de ellos vecinos de Bermeo, en una tragedia que dejó más de 200 huérfanos
Hay fechas que quedan grabadas para siempre en la memoria de un pueblo y en Bermeo, el 12 de agosto de 1912 es una de ellas. Aquel día, una violenta galerna sorprendió en pleno trabajo a decenas de embarcaciones que pescaban a unas 45 millas del cabo Matxitxako y acabó con la vida de 143 arrantzales. La mayoría eran bermeanos, pero entre las víctimas también había pescadores de Lekeitio, Elantxobe y Ondarroa. Más de un siglo después, aquella tragedia continúa formando parte de la memoria de la villa marinera y de toda la costa vasca.
De los 143 pescadores fallecidos, 116 eran de Bermeo, mientras que 16 procedían de Lekeitio, ocho de Elantxobe y tres de Ondarroa. No se trató únicamente de la pérdida de 143 vidas en el mar: detrás de cada uno de aquellos arrantzales había una familia que dependía de su trabajo para salir adelante. La galerna dejó 62 viudas y 205 huérfanos, sumado a numerosas familias en una situación económica especialmente complicada.
La tragedia ocurrió durante la campaña del bonito, en un momento en el que los pescadores vascos dependían de embarcaciones que todavía estaban muy expuestas a las condiciones del Cantábrico. El temporal sorprendió a los arrantzales lejos de la costa y convirtió una jornada habitual de pesca en una catástrofe. La galerna de aquel 12 de agosto terminó siendo considerada uno de los accidentes laborales más graves de Euskadi.
Un golpe que dejó a Bermeo de luto
La localidad vivía entonces mirando al mar y buena parte de las familias dependían directamente de la actividad pesquera. La desaparición de 116 hombres supuso un golpe que trascendió a las propias familias de los fallecidos. Un siglo después, aquella tragedia sigue presente en la memoria de los bermeanos por cómo alteró numerosos proyectos de vida y por el precio que pagaron quienes salían al mar para llevar el sustento a sus hogares.
La huella de aquellos días se ha mantenido generación tras generación y el recuerdo de los arrantzales se ha convertido en una tradición anual en Bermeo, donde cada 12 de agosto se les rinde homenaje. En los últimos años, el acto ha incluido procesiones, velas y ofrendas florales en las aguas del puerto, como una manera de devolver al mar los nombres de quienes nunca regresaron a tierra
Tradición anual en Bermeo, donde cada 12 de agosto se les rinde homenaje I. FRADUA
La tragedia que cambió la forma de salir al mar
La galerna también marcó un antes y un después para la pesca vasca. Los barcos de vela fueron los más castigados por aquel temporal y, tras la tragedia, comenzó a acelerarse el abandono de este tipo de embarcaciones en favor de barcos propulsados por vapor, más preparados para afrontar las condiciones del Cantábrico. El desastre también creó la necesidad de mejorar la seguridad y las previsiones meteorológicas para quienes trabajaban en el mar.
Así, lo ocurrido el 12 de agosto de 1912 no quedó únicamente como una vieja historia de mar. La galerna se convirtió en una de las grandes tragedias de la historia reciente de Bermeo y en un episodio que todavía une a buena parte de la costa vizcaina en torno a la memoria de aquellos arrantzales. Cada año, cuando las flores vuelven a caer sobre el agua, el puerto recuerda que 143 hombres salieron a faenar aquel día y nunca regresaron.
